Benjamín Netanyahu, Primer Ministro de Israel, pronunció un emotivo discurso, ante el Congreso de los Estados Unidos el 24 de Mayo del año 2011. El líder israelí puso en blanco y negro su posición frente al conflicto con los palestinos. Sin embargo, mi interés no es enfocarme en el tema político que envuelve este asunto, sino reflexionar sobre algunas ideas proclamadas en el discurso que llaman la atención de los cristianos.
Escuché a Netanyahu decir que Israel está dispuesto a hacer concesiones dolorosas con tal de lograr un acuerdo de paz durarero con los palestinos. Para ello los palestino deben reconocer al estado de Israel como un estado judío. Como sabemos, los palestinos reconocen al Estado de Israel; pero se niegan rotundamente a reconocerlo como un Estado Judío. El mundo ve la exigencia de Israel como un acto de prepotencia y como un obstáculo para la paz. Pero el asunto no es tan simple como lo presentan los analistas.
El ser judío identifica al israelí con su origen, con sus antepasados. Netanyahu sabía muy bien lo que decía cuando declaró que Israel no es el ocupante extrangero allí, dado que esa tierra Dios se la dio a Abraham su padre. También recordó que fueron sus antepasados quienes dieron al mundo la idea de un solo Dios. Los judíos fueron expulsados de palestina y llevados cautivos a las naciones en el año 70 de nuestra era, vivieron como extrangeros hasta principio del Siglo Veinte, siendo el 14 de Mayo de 1948 la fecha de su reintegración como nación. Desde entonces sus enemigos árabes han luchado a muerte para desarraigarlos de nuevo de la tierra que les pertenece.
Son muy acertadas las palabras del Primer Ministro que dicen: "El conflicto no se trata del establecimiento de un Estado Palestino, sino de la existencia de Israel". Sabemos que el Presidente de Irán, apoyado por la Liga Arabe, procura la destrucción de Israel; para esto se invierten billones de dólares, en apoyo a los palestinos, el movimiento terrorista Hamas, el Hebollah y otros. Todos estos grupos tienen un sólo objetivo: la destrucción de Israel.
El mundo puede ser engañado por la gran maquinaria propagandística que, ante el más mínimo moviento israelí, en defensa de su territorio, bombardean al mundo con informaciones distorcionas para volcar la opinión pública en contra de Israel. Pero los cristianos sabemos que hay un plan divino que controla el destino de Israel. Independientemente al amor de Dios por toda la humanidad, todavía El no ha concluido con los judíos, las promesas por las que El le dio esa tierra a Abraham y a la que envió a su Hijo, Jesús a predicar el año agradable del Señory a morir por los pecadores, se cumplirá indefectiblemente.
Jesús volverá a la tierra a reinar. Cuando él venga se sentará en el trono de David, en Jerusalén, la ciudad de Dios y a él irán las naciones para adorarlo. Esto no lo entienden muchos; pero los cristianos sabemos por qué sucede lo que sucede en el pueblo judío.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada